Descubre los 5 mitos que tienes que dejar atrás.

 

Mito 1:

“Para perder barriga tengo que estar todo el día haciendo abdominales.”

Hacer ejercicios abdominales no bajan la barriga, no hacen que ésta se vaya, solo fortalecen el músculo.

Si tú haces ejercicios y abdominales, pasa como cualquier músculo, éstos se fortalecen, pero siguen escondidos debajo de una capa de grasa que solo se consigue perder con una buena dieta y ejercicio.

Hay que reducir el porcentaje de grasa para que se vea una definición abdominal.

No hay que hacer ejercicios en un área específica para perder la grasa de ahí, como muchos creen.

El lugar donde la grasa se va a ir más rápido va a depender de la genética, porque cuando hay déficit de calorías, el cuerpo utiliza la grasa como fuente de energía, y lo hará a nivel general y solo dependiendo de tu predisposición genética se irá más rápido en unas zonas que otras.

También influye el sexo, porque las mujeres acumulamos más grasa en las caderas mientras que ellos es en el abdomen.

Hay que tener en cuenta las hormonas, muy importantes también, si tu estrógeno está descontrolado acumularás más grasa en brazo y caderas, si es la insulina la que no está controlada la grasa se acumulará en el suprailiaco (parte alta de la pelvis). Y si es el cortisol el que está elevado, la acumularás en el abdomen.

 

Mito 2:

“El huevo engorda e incrementa el colesterol. No se debe comer un huevo diariamente o mejor solo consumir la clara.”

Hay estudios en personas que consumen un huevo todos los días, que demuestran que los niveles de colesterol no aumentan, porque el colesterol del huevo no influye en el colesterol de la sangre.

La mayor parte del colesterol en nuestra sangre se sintetiza en nuestro organismo y no proviene de los alimentos. Por lo que consumir alimentos que contengan colesterol no influye demasiado en nuestro nivel de colesterol, en cambio eso sí pasa con el consumo elevado de grasas saturadas, que éstas sí aumentan los niveles de LDL.

También un estudio de Louisiana State University demostró que las mujeres obesas que comían 2 huevos al día durante 2 meses, perdieron más peso y disminuyeron más la circunferencia de la cadera que los sujetos del grupo de control. Esto se debe a la saciedad que aporta el huevo.

También se suele reducir el consumo de la yema para evitar el contenido de las grasas y el colesterol y así reducir las calorías del huevo, pero esto implica perder todos los nutrientes buenos que contiene el huevo y se encuentran en la yema.

Como las proteínas están casi por completo en la clara, si quieres aumentar el consumo de proteína, sin aumentar mucho las grasas o calorías, puedes añadir alguna clara más al desayuno, tortilla o cualquier preparación.

La mayoría de las calorías del huevo provienen de las grasas, por lo que son una buena fuente de este nutriente para nuestro cuerpo, pero lo importante de ello es que son grasas monoinsaturadas las que predominan, no las saturadas como algunos creen.

 

Mito 3:

“Si no bebes leche de vaca no tendrás calcio en tus huesos.”

La leche tiene demasiada publicidad y mercadeo, pero no es real que sea la mayor fuente de calcio existente.

Existe apego a la leche desde la lactancia, pero realmente somos el único mamífero que de adulto sigue bebiendo leche.

Hay poca evidencia científica que apoye que los lácteos mejoran la integridad de los huesos.

En un estudio reciente se llegó a la conclusión de que el calcio presente en los productos lácteos no previene las fracturas en adolescentes y niños mayores de 7 años.

Igual que un estudio de Salud de las Enfermeras de Harvard, que siguió a más de 72.000 mujeres durante 18 años, se demostró que, aunque se aumente el consumo de leche, no se disminuye el riesgo de fracturas.

Sí que es cierto que la leche tiene calcio, pero este no se logra absorber eficientemente, puesto que para que el calcio se absorba, se necesita una buena cantidad de magnesio, al menos relativamente igual a la del calcio, y en el caso de la leche es una cantidad pequeña.

Hay alimentos con más niveles de calcio y sobretodo que se absorbe mejor como: col rizada, brócoli, granos, spirulina, verduras de hoja verde y frutos secos, especialmente las almendras.

 

Mito 4:

“Para adelgazar, cena solamente fruta.”

Falso y falso.

Evidentemente cenar fruta ni engorda ni adelgaza. Es lo mismo de siempre, el aumentar o perder peso es cuestión de que el balance energético final sea negativo.

Lo ideal es comer al menos 2 o 3 piezas de fruta al día.

Mi consejo es hacerlo en la mañana y dejar la cena para incluir proteínas o verduras.  ¿Por qué? Porque al fin y al cabo la fruta contiene fructosa, azúcar naturalmente presente en ellas. Y ya sabéis que el cuerpo acumula el azúcar como glucógeno en el hígado, y cuando llega la noche esas reservas seguramente estén llenas. Si esto sucede, cualquier exceso se transforma en grasa y lo acumulas en el tejido adiposo.

Pero si en el día no has consumido frutas ni otros carbohidratos, puedes cenar perfectamente fruta, que no pasa nada.

 

Mito 5:

“Los productos light no engordan.”

Sí, pueden hacerte engordar.

La obesidad y el sobrepeso en nuestros días están aumentando. ¿Y que hace la industria alimentaria?, ¿promover un mayor consumo de verduras y frutas?, ¿dejar de vender productos insanos?

No señora, no.

La industria ha desarrollado productos light, orientados a perder peso. Pero hay muchos que no son nada saludables.

Para que un producto sea considerado light tiene que tener al menos 30% menos de calorías que un producto original. Pero esto no garantiza perder peso.

Recuerda también que algunos de estos productos, para lograr ese 30% menos reducen grasas aumentando azúcar y viceversa. Y ahí está el engaño de muchos productos light.

Además, muchos productos de este tipo no producen la misma saciedad que otros. Esto hace que algunas personas, creyendo que lo light no engorda, consumen más de la cuenta. Por tanto, aumentará de peso.

En conclusión, es fundamental mirar bien la etiqueta, comparar los productos en función de las grasas, sobre todo saturadas, y azúcares que contienen, y elegir siempre el de menor valor.

 

 

¿Has oído estos mitos alguna vez? ¿Hay alguno que te hayas creído especialmente y has agradecido que te lo desmonte? Cuéntame más.

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