La alimentación está íntima relacionada con las emociones y los sentimientos.

Esos sentimientos y emociones, a veces no son pronunciados por nuestra boca, lo que nos lleva al ansia por comer. Y nos refugiamos en la alimentación cada vez más para sentirnos mejor, para acallar nuestro cerebro.

Os voy a poner un ejemplo, ¿Qué se usa en las fiestas, celebraciones..? Alcohol, ¿verdad que es algo recurrente en este tipo de situaciones?

¿Y sabéis el por qué? Muy sencillo, porque el alcohol provoca desinhibición y evasión de forma rápida. Nos afecta a nivel físico, emocional y mental.

Y no solo eso, los azúcares refinados de absorción rápida del alcohol, generan adrenalina, hiperactividad y euforia.

Pero el café, tés, bebidas gaseosas azucaradas también alteran nuestros estados de consciencia. ¿o acaso no los usamos cuando nos baja la energía y sabemos que esto nos la “devuelve”?

Y todo ello nos puede llevar a la adicción, a necesitar el café si o sí, para mantenernos activos, y con el tiempo uno solo no basta, si no que necesitamos más y esa cifra puede aumentar considerablemente.

En ese momento solo nos fijamos en esa hiperactividad, en esa energía producida por la cafeína y no nos acordamos de los problemas que nos puede conllevar ese consumo excesivo.

Esto no pasa solo con las bebidas, también ocurre con los alimentos.

 

Con la comida buscamos llenar un vacío interno por la pérdida o falta de afecto y amor, también la usamos para buscar placer. Para reducir la ansiedad.

Tratamos paliar la frustración de no sentirnos contentos con nuestra vida, de sufrir… y para ello comemos sobre todo dulces, bollería, pizza,… buscando satisfacernos con ellos.

¿Y que ocurre cuando estamos estresados? Lo mismo, nos refugiamos en la comida para paliar ese estrés, sin darnos cuenta que a la larga todo esto nos intoxica.


Por todo ello necesitamos poner remedio, dejar de refugiarnos en los alimentos para obtener o tapar emociones.

 

Hay alimentos que balancean las hormonas y el cerebro, y podrían llegar a reducir la ansiedad. Como las sardinas por su contenido en Omega 3, nueces, almendras y avellanas que pueden elevar la serotonina.

El triptófano es un precursor de la serotonina, la hormona llamada de la felicidad, y lo encontramos en el cacao, por ejemplo. Por ello recurrimos a él buscando sensaciones de bienestar y placenteras.

Las semillas de girasol aportan magnesio, que puede influir en la producción de dopamina.

Hay estudios que indican que una persona que sigue dieta mediterránea está menos expuesta a la depresión. Al contrario de aquellas que ingieren grandes cantidades de procesados.

Hay algunos investigadores que sugieren consumir frutas como remedio para controlar el estrés.

 

Lo que debemos aprender es a separar las emociones de la comida. Evidentemente los alimentos producen diferentes emociones en nosotros, eso no se puede evitar.

Lo que sí hay que evitar es recurrir a ellos cuando estamos tristes, si sufrimos desamor, si estamos estresados…


¿Cómo podemos romper ese círculo vicioso?

  • Tomarte un respiro, unos días para ti.
  • Escúchate y reconoce esas emociones. No pasa nada por sentirlas, solo hay que reconocerás y darte cuenta que pasa en tu interior
  • Duerme lo suficiente
  • Elimina toda tentación.
  • Meditación
  • Aumenta el consumo de agua
  • Reduce el consumo de azúcar, pues a más alimentos con azúcar comamos, más necesidad de comer otros alimentos dulces
  • Hay que distraer la mente, desvía la atención a otro punto muy diferente. Lee, llama a esa persona que te hace sentir bien por teléfono.
  • Buscar esas emociones a través del ejercicio. Da un paseo, baila, haz ejercicio, yoga. El ejercicio nos aporta endorfinas que nos mejora el humor, reduce ansiedad y estrés, mejora la autoestima y la memoria.

 

Para lo anterior, en el post de Victor Martin sobre los hábitos saludables encontrarás herramientas, libros y tips que son un buen complemento a lo que os comento.

 

Cuando se trata de niños hay que poner especial cuidado en no alimentar esas emociones con la comida. El mejor regalo que les podemos dar es una alimentación sana y equilibrada.

Los niños se van al colegio con galletas, bollería, zumos, en vez de bocadillos, fruta, frutos secos.

Y si un niño no se alimenta correctamente influirá en cómo se sienta emocionalmente y como se va a ver en la vida.

Hay que implementar una alimentación más sana, natural y con sentido común.

 

¿Te ha pasado esto alguna vez? ¿Cómo lo has solucionado? 🙂

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